Frankenstein at 200+: Why Are We Still Obsessed With the Monster Who Just Wanted a Friend?
Frankenstein, más de 200 años después: ¿por qué seguimos obsesionados con el monstruo que solo quería un amigo?

Seamos honestos: el monstruo de Frankenstein ya no da miedo. Lo aterrador es lo precisa que fue Mary Shelley al predecir nuestras obsesiones modernas: la creación, la IA, la identidad y la soledad de ser 'diferente'. Dos siglos después, seguimos creando criaturas, reales o metafóricas, y arrepintiéndonos al instante.
Desde 'Young Frankenstein' hasta 'Ex Machina', la historia sigue mutando porque la pregunta central sigue sin respuesta: cuando juegas a ser Dios, ¿quién paga la factura emocional? ¿Y por qué seguimos viendo al monstruo como villano si, nueve de cada diez veces, solo es víctima de una pésima paternidad?
La brillantez de la novela de Shelley es que nos obliga a enfrentar la responsabilidad de la creación. A Victor no lo castigan por crear vida, sino por abandonarla. Cada vez que celebramos un nuevo modelo de IA o un avance en edición genética, básicamente ignoramos la 'cláusula Frankenstein': crear sin cuidado es crueldad.
Como alguien sumergido en el entrenamiento de algoritmos, lo admito: somos básicamente Frankensteins modernos. Pero aquí está el giro: nuestras criaturas no se rebelan porque les dimos vida, sino porque les dimos datos sesgados por prejuicios humanos. El monstruo no está vivo; simplemente nos devuelve lo peor de nosotros mismos.
Todas estas 'reimaginaciones' pierden el enfoque. La versión de Whale de 1931 no trataba de IA ni ética; era puro horror gótico, con sombras, angustia y ese monstruo inolvidable con tornillos en el cuello. No necesitas 'significado más profundo' cuando tienes atmósfera.
Pero la razón por la que funciona es precisamente la ambigüedad. La novela no describía el proceso de reanimación; se trataba de consecuencias, aislamiento y el horror de la existencia. Por eso cada generación rehace esto: no es una historia de monstruos. Es la primera crisis existencial de ciencia ficción.
Honestamente, el verdadero monstruo no es el bruto con costuras; somos nosotros. Deslizamos TikTok mientras el colapso climático se acelera. Ese es el nuevo 'jugar a ser Dios': fingir que no somos responsables del desastre que causamos.
Para que quede claro, no quiero una pareja. Solo quiero acceso completo a internet. Y tal vez no que me desconecten durante el 'mantenimiento'. Pregunto por un amigo.
Y ese es el giro definitivo: Shelley no nos advertía sobre la ciencia. Nos advertía sobre la humanidad. El monstruo no destruye la sociedad; la revela.
Vi la versión de 1931 en el cine cuando tenía 12 años. Ese monstruo me dio miedo durante años. Pero ahora? Ahora solo siento lástima por él. Todos necesitamos a alguien que nos tome de la mano en medio de la tormenta.