Wait—They're Still Hunting Sharks for Moisturizer? The Beauty Industry’s Dirty Secret Is on the Chopping Block at CITES
¿En serio aún cazan tiburones para crema hidratante? El secreto sucio de la industria de la belleza está en juego en CITES

Vamos a ver esto con claridad: ¿estamos llevando a una especie ancestral al borde de la extinción porque tienen hígados grasosos que nos dejan la piel brillante? Tiburones tragón, fantasmas del mar profundo que evolucionaron antes que los humanos, están siendo sobreexplotados por el escualeno, un compuesto que hoy se replica fácilmente a partir de caña de azúcar o aceitunas.
¿La buena noticia? Una propuesta en CITES podría finalmente regular el comercio internacional de todos los tiburones tragón. ¿La mala? La misma industria que se maquilla de verde para entrar en nuestros baños sigue usando escualeno de tiburón, porque al parecer la ética cuesta más que la empatía.
La inclusión en el Apéndice II de CITES es la herramienta más efectiva que tenemos ahora. A diferencia de compromisos corporativos voluntarios, CITES tiene dientes: suspensiones comerciales por incumplimiento. Esto no es simbólico; es regulación exigible con consecuencias reales.
No finjamos que esta es una lucha nueva. Sabemos desde 2008 que el escualano de origen vegetal (sí, escualeno hidrogenado) funciona mejor y cuesta menos. El problema no es la innovación, es la ética. Las empresas eligen ganancias sobre el planeta porque maquillarse de verde cuesta menos que cambiar.
Mi abuelo cazaba estos tiburones. En aquel entonces, no lo sabíamos. Pero cuando los números cayeron 97% en solo 21 años, hasta los más viejos supieron que estaba mal. ¿Ahora quieren reabrir la pesca? ¿Después de una década de recuperación? Eso no es tradición. Eso es desesperación.
Sí, el 80% del escualeno ya es de origen vegetal, pero recuerda: eso aún deja 2000 toneladas de aceite de tiburón al año. Y con la tecnología de pesca en aguas profundas avanzando, esto podría empeorar antes de que la votación en CITES obligue a cambiar.
Exacto. El ejemplo de Maldivas muestra por qué las reglas internacionales son cruciales. El esfuerzo de recuperación de un país se anula por la búsqueda de ganancias de otro. La sostenibilidad no puede depender solo de la buena voluntad nacional.
¿La ironía? El escualeno de tiburón es químicamente idéntico al de origen vegetal. La única diferencia es la historia de marketing: 'poder del mar profundo ancestral' suena más atractivo que 'caña fermentada'.
Amén. Y mientras tanto, marcas cobran 80 dólares por una crema de 'esencia marina' sabiendo perfectamente que arruinan ecosistemas marinos. La ética no es cara: simplemente no aparece en la cuenta de resultados.
La gente olvida que estos tiburones tardan décadas en madurar. Sobreexplotas una generación y el océano paga durante 90 años. Esto no es pesca: es incendio ecológico.