Japan Ditches Austerity: Is This the End of Fiscal Discipline or a Smart Growth Gamble?
Japón abandona la austeridad: ¿El fin de la disciplina fiscal o una apuesta inteligente por el crecimiento?

Entonces Japón finalmente admite que la meta anual de superávit era más teatro político que estrategia económica. La primera ministra Takaichi acaba de tirarla por la ventana: nada más de angustiarse año tras año por el equilibrio fiscal. Ahora el progreso se medirá en un 'periodo de varios años'. Suena razonable, ¿no? Hasta que recuerdas que la deuda japonesa ya supera el 250 % del PIB. La verdadera pregunta no es si es responsable, sino cuánto tiempo seguirán los mercados el juego.
El gobierno planea un nuevo estímulo para combatir la inflación y potenciar la inversión en defensa y tecnología. Takaichi califica la meta anterior de 'demasiado restrictiva'. Los analistas dicen que es un giro claro hacia el crecimiento a toda costa: bienvenidos a la nueva era japonesa del 'estímulo permanente'. El yen tembló. Los rendimientos de bonos parpadearon. Pero oye, al menos ya no fingimos ser fiscalmente responsables.
A ver si entiendo: dejamos la única meta medible de salud fiscal porque es 'demasiado rígida', y ahora confiamos en que los políticos muestren moderación durante varios años? Eso no es política: es un cuento de hadas con final trágico.
Japón se estaba ahogando en su propia disciplina. Durante décadas, el crecimiento ha sido asfixiado por el miedo a las cifras de deuda mientras la economía se estancaba. Primero hay que crecer, luego arreglar las cuentas. Toda economía innovadora importante tuvo déficits durante su transformación: EE.UU. lo hizo con el New Deal y el programa lunar. Esto no es imprudencia: es ponerse al día.
Y así, el último pilar de la credibilidad fiscal se desmorona. Vigilantes de bonos, enciendan motores. El BCJ podría verse obligado a elegir: dejar que la inflación se dispare o matar el crecimiento con subidas de tasas. Disfruten del estímulo mientras dure.
La deuda japonesa es alta, sí, pero también lo es el ahorro del sector privado. La deuda es mayormente interna, denominada en yenes y mantenida en el país. Esto no es Grecia 2010. El pánico es ideológico, no económico.
Todo este debate macro es genial, pero ¿alguien puede decirme cómo me ayuda con la compra? No me importa el crecimiento del PIB si mi hijo no puede pagar el almuerzo escolar.
Las transferencias directas deberían formar parte del estímulo. El apoyo focalizado vence a la inflación generalizada. Podemos crecer y proteger a los hogares, pero solo si la política no está en manos de los fundamentalistas de la austeridad.
La 'credibilidad fiscal' no es un término de moda: es lo que mantiene bajos los costos de endeudamiento. Cuando los inversores pierden confianza, incluso la deuda interna puede implosionar. Pregúntale a Italia.
Curioso cómo todo estímulo 'temporal' acaba siendo permanente. ¿Recuerdan 2008? Mismo guion: imprimir, gastar, rezar. Y cuando fracasa? Culpen a la próxima generación.